La Carta Democrática de la OEA, no sólo a partir del caso hondureño –generado y agravado por la injerencia chavista que lleva por lo menos tres años en su intento por engullirse a Honduras–, sino por otros temas tan delicados como el armamentismo en América Latina, resulta en la práctica tinta sobre papel mojado.
Pero para un país como Chile, que tuvo la visión de colocar en la Secretaría General de la OEA a un todoterreno suyo como José Miguel Insulza, el escenario se constituye en provechoso para sus intereses geopolíticos; de ahí que busque mantenerlo en el cargo vía la reelección.
En los hechos, el puesto de Secretario General de la OEA pesa más que la Carta Democrática per se, la que no sólo es formalista y transita por una situación de debilitamiento, sino que la realidad es más compleja, rica y dinámica que las palabras y tesis americanistas que pregona. El SG, en cuanto foro mundial tenga a la mano, puede, si así lo desea, promover el antiperuanismo o remarcar las desventajas del Perú con el fin de estigmatizarnos con el problema del narcotráfico, el terrorismo, la corrupción, la inestabilidad política, etc. Y en contraste a ello, puede asimismo limpiar y mejorar –ante el continente americano y mundo– la imagen del Estado del cual es ciudadano. Y siendo SG de la OEA José Miguel Insulza, y teniendo la nacionalidad chilena, lo descrito puede haber pasado, o cuando no debe seguir ocurriendo.
Y si la Carta Democrática existe para enaltecer y defender los sólidos principios de la “democracia representativa”, pues lamentablemente en el caso de Honduras la OEA nunca movió un dedo para preservar a este país de los petardos que Manuel Zelaya y Hugo Chávez venían colocando en los cimientos de la institucionalidad política, económica y electoral hondureña. El actual SG de la OEA prefirió perder tiempo y dejar que los totalitarios metieran de contrabando una serie de reformas chavistas en las instituciones de aquel país centroamericano, y que avance así un plan “bolivariano” dizque de la “democracia directa”, en medio de la propuesta de consultas o referéndums, para hacer que un tránsfuga como Zelaya gobierne ad infinitum Honduras, cual Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, etc.
Si ante a un asunto tan sustantivo para la OEA, como preservar la “democracia representativa” frente a todo ataque al orden constitucional, vemos que no ha actuado como corresponde, pese a lo que dice su Carta Democrática, pues entonces qué no sucederá con temas como el excesivo belicismo de países como Chile o Venezuela, que vienen alterando el equilibrio estratégico en la región sudamericana, incorporando tecnología militar estrictamente ofensiva y que no sirve de modo alguno para organizar un pic nic. Sólo valen para aniquilar vidas humanas. Paradójicamente, la Carta Democrática de la OEA fue propuesta por el Perú el 2001, cuando los ingenuos paniagüistas y toledistas –manejados por ONG políticas– se hacían del poder, logrando meter en cuanto puesto de Estado podían a los capitostes del caviarismo, quienes no dudaron en desestabilizar –en todos los campos– a la Fuerza Armada de nuestro país.
Si la OEA de Insulza permaneció de perfil en relación a la defensa de la democracia representativa en Honduras, a lo que la Carta le obligaba, igual lo va a hacer con el problema del armamentismo. Sobre todo el chileno y el venezolano. Es hora que Torre Tagle tome las provisiones del caso.
expreso
Pero para un país como Chile, que tuvo la visión de colocar en la Secretaría General de la OEA a un todoterreno suyo como José Miguel Insulza, el escenario se constituye en provechoso para sus intereses geopolíticos; de ahí que busque mantenerlo en el cargo vía la reelección.
En los hechos, el puesto de Secretario General de la OEA pesa más que la Carta Democrática per se, la que no sólo es formalista y transita por una situación de debilitamiento, sino que la realidad es más compleja, rica y dinámica que las palabras y tesis americanistas que pregona. El SG, en cuanto foro mundial tenga a la mano, puede, si así lo desea, promover el antiperuanismo o remarcar las desventajas del Perú con el fin de estigmatizarnos con el problema del narcotráfico, el terrorismo, la corrupción, la inestabilidad política, etc. Y en contraste a ello, puede asimismo limpiar y mejorar –ante el continente americano y mundo– la imagen del Estado del cual es ciudadano. Y siendo SG de la OEA José Miguel Insulza, y teniendo la nacionalidad chilena, lo descrito puede haber pasado, o cuando no debe seguir ocurriendo.
Y si la Carta Democrática existe para enaltecer y defender los sólidos principios de la “democracia representativa”, pues lamentablemente en el caso de Honduras la OEA nunca movió un dedo para preservar a este país de los petardos que Manuel Zelaya y Hugo Chávez venían colocando en los cimientos de la institucionalidad política, económica y electoral hondureña. El actual SG de la OEA prefirió perder tiempo y dejar que los totalitarios metieran de contrabando una serie de reformas chavistas en las instituciones de aquel país centroamericano, y que avance así un plan “bolivariano” dizque de la “democracia directa”, en medio de la propuesta de consultas o referéndums, para hacer que un tránsfuga como Zelaya gobierne ad infinitum Honduras, cual Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, etc.
Si ante a un asunto tan sustantivo para la OEA, como preservar la “democracia representativa” frente a todo ataque al orden constitucional, vemos que no ha actuado como corresponde, pese a lo que dice su Carta Democrática, pues entonces qué no sucederá con temas como el excesivo belicismo de países como Chile o Venezuela, que vienen alterando el equilibrio estratégico en la región sudamericana, incorporando tecnología militar estrictamente ofensiva y que no sirve de modo alguno para organizar un pic nic. Sólo valen para aniquilar vidas humanas. Paradójicamente, la Carta Democrática de la OEA fue propuesta por el Perú el 2001, cuando los ingenuos paniagüistas y toledistas –manejados por ONG políticas– se hacían del poder, logrando meter en cuanto puesto de Estado podían a los capitostes del caviarismo, quienes no dudaron en desestabilizar –en todos los campos– a la Fuerza Armada de nuestro país.
Si la OEA de Insulza permaneció de perfil en relación a la defensa de la democracia representativa en Honduras, a lo que la Carta le obligaba, igual lo va a hacer con el problema del armamentismo. Sobre todo el chileno y el venezolano. Es hora que Torre Tagle tome las provisiones del caso.
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