11.8.09

Con papi llegaron los carteles mexicanos

Por Mirko Lauer

lgunos fujimoristas están contrastando los actuales problemas en el VRAE con el hiato en la violencia luego de la captura de Abimael Guzmán en 1992. Pero hay cosas que decir sobre esa comparación. La más importante es que la situación hoy no es ni remotamente la misma que entre 1980-1992. Más aun, es un escenario con profundas diferencias.

La guerra 1980-1992 fue contra un partido con una ideología estructurada para la toma del poder del Estado. La guerra de hoy es contra una organización internacional dedicada al narcotráfico. Pero entre las dos situaciones hay un cordón umbilical: los subversivos derrotados fueron reemplazados por narcotraficantes armados.

Es precisamente en la primera mitad de los años 90 que empiezan a aparecer las capturas de enormes cargamentos de cocaína en el norte del Perú. Nunca antes el país había visto esos volúmenes, entre otros motivos porque los carteles colombianos impedían por la violencia que el Perú exportara cocaína.

La inconveniencia de combatir a dos enemigos a la vez en las zonas cocaleras se tradujo en una nueva tolerancia frente a la droga, una manera de concentrar los fuegos en las columnas senderistas e impedir que SL ganara puntos con los cientos de miles de cocaleros. Se consideró, tal vez con razón en ese momento, que la droga era el mal menor.

A partir de allí la droga empezó un camino totalmente nuevo, cuyos rasgos más marcados fueron una escalada en la producción de cocaína y la vinculación con los carteles mexicanos de la droga. En otras palabras, si el fujimorismo reclama la captura policial de Guzmán, que reclame también nuestro ingreso a la era de la exportación de cocaína.

En cuanto a la idea de rebrote que ahora se esgrime, no olvidemos que fue con Alberto Fujimori que se dio la desastrosa operación de entrega de senderistas en que el General Alvarado Fournier (hoy jefe de seguridad del partido) perdió un helicóptero completo y un importante lote de armas a manos de SL.

Esas armas, capturadas en 1999, son una parte importante del arsenal con el que SL realiza sus operaciones en estos días. Armas prácticamente entregadas por el fujimorismo en una fallida operación secreta con fines electorales. Era el mismo SL que Fujimori había ofrecido eliminar al 100% para 1995.

De modo que el fujimorismo les legó a los siguientes gobiernos un remanente senderista bien armado y un flamante negocio de exportación de cocaína que ahora lucha en el VRAE y las ciudades del norte por la impunidad de su negocio. Si eso es resolver el problema del terrorismo, entonces ya no se entiende nada.

LA REPUBLICA

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