No era un papel cualquiera de esos que pululan en el mundo de las maravillas, o sea el Perú, donde somos tan buenos y tan ricos que damos envidia y los rojos conspiran para echarse abajo tanta bonanza. No señor, una citación del Congreso había llegado a su casa.
Lo citaba una comisión de un tal Menchola para que explique cómo había resultado jefe de una de las tan temidas Casas del Alba, casi el infierno, una supuesta organización siniestra cuyos miembros apuñalan hostias.
Don Pablo Isidro Gonzales, cincuentón, maestro por vocación y taxista por necesidad, no lo podía creer. Seguramente recordó su magra relación con la autoridad cuando fue a la municipalidad a casarse o cuando reclamó en Sedapal por un recibo equivocado.
El hombre tomó sus precauciones, porque una cosa es ser pobre y otra ser cojudo, pidió una inspección policial que barrió su casa de cabo a rabo, nada por aquí, nada por allá, y se fue al Congreso.
Los adláteres de Menchola lo interrogaron irónicos y displicentes, diga cómo es que tal cosa, qué hizo el día tal a la hora tal, cuáles son sus lecturas, a cuántos incautos enroló, cuántos viajes hizo a Venezuela. Cuando las citas y las preguntas cesaron, don Pablo pensó, iluso, que la pesadilla había terminado. Entonces se atrevió a pedir un papel que lo limpiara de tan estúpida sospecha.
No se puede, le dijo la secre, los congresistas no han venido, han ido a almorzar, a tomar café, espere que lo citen, hoy no, vuelva mañana, espere un par de horas, se acaban de ir, no está programado, pida cita en la puerta, son algunas de las respuestas que obtuvo, y esperó horas, días, semanas.
Hasta que por fin, oh milagro divino, su majestad Menchola estaba a la vista, ahora don Pablo, armado con su sola inocencia, se acompañó de un periodista, pero el legislador le dijo una vez más que espere.
Parado sobre su metro 55, don Pablo esperó al jurado supremo e implacable verdugo de su tranquilidad, pero el tribuno romántico ni lo miró, le dijo al periodista que no sabía quién era ese hombre ni de qué se trataba el asunto.
Como Kafka es un bebé de pecho en la escarnecida vida peruviana, don Pablo enfrenta ahora un juicio bajo sospecha de ser un terrorista solapa, un regalito del infamante rosario burocrático nacional que don Walter Menchola personifica a carta cabal.
LA PRIMERA
Lo citaba una comisión de un tal Menchola para que explique cómo había resultado jefe de una de las tan temidas Casas del Alba, casi el infierno, una supuesta organización siniestra cuyos miembros apuñalan hostias.
Don Pablo Isidro Gonzales, cincuentón, maestro por vocación y taxista por necesidad, no lo podía creer. Seguramente recordó su magra relación con la autoridad cuando fue a la municipalidad a casarse o cuando reclamó en Sedapal por un recibo equivocado.
El hombre tomó sus precauciones, porque una cosa es ser pobre y otra ser cojudo, pidió una inspección policial que barrió su casa de cabo a rabo, nada por aquí, nada por allá, y se fue al Congreso.
Los adláteres de Menchola lo interrogaron irónicos y displicentes, diga cómo es que tal cosa, qué hizo el día tal a la hora tal, cuáles son sus lecturas, a cuántos incautos enroló, cuántos viajes hizo a Venezuela. Cuando las citas y las preguntas cesaron, don Pablo pensó, iluso, que la pesadilla había terminado. Entonces se atrevió a pedir un papel que lo limpiara de tan estúpida sospecha.
No se puede, le dijo la secre, los congresistas no han venido, han ido a almorzar, a tomar café, espere que lo citen, hoy no, vuelva mañana, espere un par de horas, se acaban de ir, no está programado, pida cita en la puerta, son algunas de las respuestas que obtuvo, y esperó horas, días, semanas.
Hasta que por fin, oh milagro divino, su majestad Menchola estaba a la vista, ahora don Pablo, armado con su sola inocencia, se acompañó de un periodista, pero el legislador le dijo una vez más que espere.
Parado sobre su metro 55, don Pablo esperó al jurado supremo e implacable verdugo de su tranquilidad, pero el tribuno romántico ni lo miró, le dijo al periodista que no sabía quién era ese hombre ni de qué se trataba el asunto.
Como Kafka es un bebé de pecho en la escarnecida vida peruviana, don Pablo enfrenta ahora un juicio bajo sospecha de ser un terrorista solapa, un regalito del infamante rosario burocrático nacional que don Walter Menchola personifica a carta cabal.
LA PRIMERA




2 comentarios:
POR UNA VERDADERA REIVINDICACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS Y POLICIALES
PRONUNCIAMIENTO
Con respecto a la GRAN MARCHA, convocada por la FRENMILPOL, manifestamos lo siguiente:
Que, las determinaciones gremiales deben de ser tomadas sin apasionamientos, ni voluntarismo, creemos que es el momento de EXIGIR el cumplimiento de los derechos del policía peruano, y eso implica tener iguales oportunidades para la SINDICALIZACIÓN de nuestros hermanos que se encuentran en actividad.
Es por eso que, habiéndose realizado una asamblea el 13 de agosto de 2009, la misma que contó con la participación de distintas asociaciones y federaciones que representan a la diversidad de la familia militar–policial, para la organización de la gran marcha del 03 de setiembre por nuestras justas reivindicaciones; debemos manifestar nuestro rotundo rechazo ante la actitud autoritaria y el manejo interesado de algunos de los componentes del Frente de Lucha Militar Policial (FRENMILPOL), quienes por favorecer intereses políticos personales, han desprovisto de seriedad nuestras demandas y han quebrantado la confianza de nuestros compañeros en actividad.
De tal forma, causa desconcierto las maniobras del Sindicato de la Policía Nacional del Perú – SPNP, ya que en una actitud sospechosa y planificada todos hemos sido sorprendidos con volantes que ya habían sido impresos y que incluían en su contenido la siguiente consigna que rechazamos tajantemente: “Nuestro apoyo a los integrantes del Sindicato de la Policía Nacional del Perú - SPNP”.
Por lo cual, esto no hace más que corroborar que somos objeto de una manipulación de alguna gente oportunista con intereses individuales que no asiste a las reuniones, pero que sin embargo, utiliza nuestra lucha reivindicativa para sus propios fines.
Además, debemos alertar que Richard Germán Ortega Quispe, alias “Rumimaki” líder del Sindicato de la Policía Nacional del Perú – SPNP, viene siendo cuestionado por sus vínculos con el gobierno Venezolano, y por utilizar a su entorno familiar para valerse de dádivas y favores que contribuyan a sus intereses familiares a fin de catapultarse a la arena política valiéndose de las carencias y necesidades de la gran familia militar-policial..
“POR LA JUSTICIA, LA VERDAD Y LA CONSTRUCCION DE UN SINDICATO SIN INTERFERENCIA EXTRANJERA”
POR UNA VERDADERA REIVINDICACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS Y POLICIALES
PRONUNCIAMIENTO
Con respecto a la GRAN MARCHA, convocada por la FRENMILPOL, manifestamos lo siguiente:
Que, las determinaciones gremiales deben de ser tomadas sin apasionamientos, ni voluntarismo, creemos que es el momento de EXIGIR el cumplimiento de los derechos del policía peruano, y eso implica tener iguales oportunidades para la SINDICALIZACIÓN de nuestros hermanos que se encuentran en actividad.
Es por eso que, habiéndose realizado una asamblea el 13 de agosto de 2009, la misma que contó con la participación de distintas asociaciones y federaciones que representan a la diversidad de la familia militar–policial, para la organización de la gran marcha del 03 de setiembre por nuestras justas reivindicaciones; debemos manifestar nuestro rotundo rechazo ante la actitud autoritaria y el manejo interesado de algunos de los componentes del Frente de Lucha Militar Policial (FRENMILPOL), quienes por favorecer intereses políticos personales, han desprovisto de seriedad nuestras demandas y han quebrantado la confianza de nuestros compañeros en actividad.
De tal forma, causa desconcierto las maniobras del Sindicato de la Policía Nacional del Perú – SPNP, ya que en una actitud sospechosa y planificada todos hemos sido sorprendidos con volantes que ya habían sido impresos y que incluían en su contenido la siguiente consigna que rechazamos tajantemente: “Nuestro apoyo a los integrantes del Sindicato de la Policía Nacional del Perú - SPNP”.
Por lo cual, esto no hace más que corroborar que somos objeto de una manipulación de alguna gente oportunista con intereses individuales que no asiste a las reuniones, pero que sin embargo, utiliza nuestra lucha reivindicativa para sus propios fines.
Además, debemos alertar que Richard Germán Ortega Quispe, alias “Rumimaki” líder del Sindicato de la Policía Nacional del Perú – SPNP, viene siendo cuestionado por sus vínculos con el gobierno Venezolano, y por utilizar a su entorno familiar para valerse de dádivas y favores que contribuyan a sus intereses familiares a fin de catapultarse a la arena política valiéndose de las carencias y necesidades de la gran familia militar-policial.
“POR LA JUSTICIA, LA VERDAD Y LA CONSTRUCCION DE UN SINDICATO SIN INTERFERENCIA EXTRANJERA”
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