La afición no esperaba nada de la presentación ante el Congreso del Gabinete Velásquez, y este, cumplidor como siempre, no la decepcionó. El programa de gobierno que presentó no contiene ninguna novedad y mantiene los vacíos en temas fundamentales como la seguridad ciudadana, las políticas anticorrupción, la reforma del Estado y la lucha contra la subversión.
Incluso para muchos fue la más deslucida presentación de un nuevo premier de que se tenga memoria. Hacia media tarde, ya hasta la oposición se había aburrido de criticar y la mayoría se retiró del local.
Lo que sí fue una innovación fue el uso de un solo guión para defender el copamiento estatal de sus partidarios, y que todos los 'compañeros’ repitieron disciplinadamente durante la sesión. Ahora, eso de decir que “es el mundo al revés pedir que independientes gobiernen en lugar del partido que ganó” no es otra cosa que firmar una confesión: están confirmando el engaño del que fueron objeto cuatro millones de peruanos, porque lo que ahora llaman el mundo al revés fue exactamente lo que Alan García prometió en la última elección. Uno siempre se olvida de que no hay que ser ingenuo en política.
Por otro lado, si bien no había ninguna expectativa por la presentación, la constatación del agotamiento y de la falta de ideas no deja de ser preocupante, ya que el riesgo de que todo el gobierno caiga en una situación de letargo cuando aún restan 24 meses –una eternidad– para concluir el mandato es alto. Así que sugeriría que recarguen sus pilas buscando motivación y que adopten una meta en el gabinete que les restituya el entusiasmo. Ese objetivo común bien podría estar en la línea recientemente adoptada por Economía, de aligerar la pesada carga que representa el Estado.
Más aún, existen antecedentes al respecto ya que, en la primera administración de García, lo único rescatable que hicieron fue introducir el concepto de simplificación administrativa. Creo que si el presidente asume el tema nuevamente, logrará revivir a sus ministros, a quienes les podría exigir que se dediquen a eliminar trámites, trabas, requisitos y burocracia, ya no solo para hacer negocio, sino también en favor de todos los ciudadanos. De esa manera no solo se beneficia al país, sino que, además, se lograría revitalizar a un gobierno que da la impresión de haber envejecido antes de tiempo.
PERU21
Incluso para muchos fue la más deslucida presentación de un nuevo premier de que se tenga memoria. Hacia media tarde, ya hasta la oposición se había aburrido de criticar y la mayoría se retiró del local.
Lo que sí fue una innovación fue el uso de un solo guión para defender el copamiento estatal de sus partidarios, y que todos los 'compañeros’ repitieron disciplinadamente durante la sesión. Ahora, eso de decir que “es el mundo al revés pedir que independientes gobiernen en lugar del partido que ganó” no es otra cosa que firmar una confesión: están confirmando el engaño del que fueron objeto cuatro millones de peruanos, porque lo que ahora llaman el mundo al revés fue exactamente lo que Alan García prometió en la última elección. Uno siempre se olvida de que no hay que ser ingenuo en política.
Por otro lado, si bien no había ninguna expectativa por la presentación, la constatación del agotamiento y de la falta de ideas no deja de ser preocupante, ya que el riesgo de que todo el gobierno caiga en una situación de letargo cuando aún restan 24 meses –una eternidad– para concluir el mandato es alto. Así que sugeriría que recarguen sus pilas buscando motivación y que adopten una meta en el gabinete que les restituya el entusiasmo. Ese objetivo común bien podría estar en la línea recientemente adoptada por Economía, de aligerar la pesada carga que representa el Estado.
Más aún, existen antecedentes al respecto ya que, en la primera administración de García, lo único rescatable que hicieron fue introducir el concepto de simplificación administrativa. Creo que si el presidente asume el tema nuevamente, logrará revivir a sus ministros, a quienes les podría exigir que se dediquen a eliminar trámites, trabas, requisitos y burocracia, ya no solo para hacer negocio, sino también en favor de todos los ciudadanos. De esa manera no solo se beneficia al país, sino que, además, se lograría revitalizar a un gobierno que da la impresión de haber envejecido antes de tiempo.
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