15.8.09

Excusas de doble pechuga en el sur

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

El gobierno necesita reconstruir su imagen.

Con un montón de excusas y casi ninguna obra, hoy se cumplen dos años del terremoto que devastó el sur chico, en medio de una profunda y legítima indignación por la ineptitud de un gobierno que tuvo en esta reconstrucción un examen sobre su capacidad, y lo que obtuvo fue una desaprobación bochornosa a pesar de tener dinero, haber solidaridad y quedar cerca de Lima.

Lo lamentable es que, antes de ofrecer, con realismo y humildad, una explicación por lo mal que salió la reconstrucción por parte de las diversas entidades del estado peruano que tienen competencia en este proceso, estamos asistiendo a un insólito dongo le dio a borondongo en el que todos se tiran la responsabilidad de este mamarracho de gestión pública.

Encabezando el tirado del bulto estuvo Alan García, quien responsabilizó a los gobiernos regionales de Ica y Lima por no realizar las obras para las cuales indica que les dieron recursos. Pero estas culpan al MEF, mientras que el primer jefe de Forsur, Julio Favre, reapareció para apuntalar la posición del presidente y sostener que el 90% de la responsabilidad por la reconstrucción inexistente es del iqueño Rómulo Triveño.

Mientras evoluciona la trompeadera entre García, Triveño, Favre y varios más, la población damnificada los observa desde unas chozas que son las mismas que armaron en los días siguientes al terremoto, como ilustró ayer mi vecino Carlín.

Si culpar a otros les deja la conciencia tranquila, enhorabuena para todos ellos, pero la verdad es que el estado peruano en su conjunto ha dado una muestra de su elevada incapacidad para atender un problema urgente. Las autoridades regionales tienen culpa por lo ‘no ocurrido’, pero no hay duda de que la responsabilidad principal es del gobierno central.

Su falta de organización y liderazgo para movilizar recursos de todo tipo es la explicación principal de la lentitud con que está caminando la reconstrucción. Esta nació mal, estructurada en torno a un Forsur mal enganchado con el sector público, y nunca pudo remontar. Una expresión del desastre es que, dos años después, no existan señales de la reconstrucción y que –paradójicamente– se anuncie la demolición del Forsur.

Pero el hecho de que las cosas estén tan mal no es motivo para que se siga dando señales de haber tirado la toalla en este empeño, que es la sensación que se está dejando al país en su conjunto, pero principalmente a los damnificados.

El gobierno necesita reconstruir su propia imagen a través de la ejecución de un plan que, dentro de un año, le permita al presidente García volver a Pisco, Chincha, Ica y Huancavelica para mostrar la vivienda, agua y luz que no fue capaz de proveer en estos dos años.

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