15.8.09

Mañas de Evo

La Cancillería peruana ha adoptado una posición contemplativa frente a Bolivia y a las siempre procaces declaraciones del presidente Evo Morales. Ahora bien, la actitud de Torre Tagle –de “no responder” a las burdas palabras del jefe del Estado boliviano– es buena sólo si se tratara de enfrentar circunstanciales roces bilaterales o algún desliz, pero no cuando estamos de cara a una voluntad nociva, perversa y permanente de agravio hacia el Perú por parte de este ofuscado presidente.
Lo cierto es que la relación peruano-boliviana no debe estar continuamente sometida al manoseo de un dirigente cocalero como Morales, quien muy suelto de huesos le falta el respeto a la dignidad nacional, al país y al presidente Alan García cuando se le antoja.

En consecuencia, ante el gobierno chavista instalado en Bolivia, representado por un afiebrado como Morales, se tendrían que replantear medidas precisas en términos de impulsar una política exterior peruana sincera, respetable pero contundente. Esta es la salida y no la mera fuga hacia delante o el silencio, que al final deja flotando en el ambiente aquello de que “quien calla otorga”. En ese sentido, las autoridades nacionales no pueden quedar pasmadas cada vez que el representante de Bolivia vuelve a la carga contra nuestra nación. Hoy este politicastro, otrora petardista y transformado en jefe de Estado, acusa a peruanos de ser autores de atentados en La Paz. Esta sindicación es grave y debe ser inmediatamente rechazada por el Perú.

La ignorancia, o la maldad de un hombre nada cultivado, características del presidente Morales, no pueden ser excusa como para pasar por alto cuando éste hace acusaciones falsas, sin pruebas; es decir señalando que hay mercenarios peruanos que atentan contra su gobierno. No cabe duda que Morales pretende encubrir las terribles contradicciones que ha generado su régimen temerario dentro de sus fronteras, donde él siente que se le mueve el piso. Pero tampoco puede hacer del Perú su piñata o el blanco de sus fobias a fin de encubrir los débiles cimientos en los que reposa su precaria administración. No olvidemos que hace unos meses dos ciudadanos europeos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad de Morales, las que argumentaron que los occisos planificaban matar al presidente de Bolivia. Si a esto sumamos la creciente presencia de los servicios de inteligencia venezolanos y cubanos en Palacio Quemado, entonces veremos que allí las cosas se mueven en un ambiente enrarecido.

De modo que, por más que ocurran enfrentamientos al interior de Bolivia, como lo ve el canciller peruano, debemos tener cuidado porque en medio de esos problemas, Evo Morales utiliza cualquier noticia o subterfugio para enfilar sus afrentas al Perú, lo cual ya deja de ser tema interno boliviano y pasa a ser bilateral. Por ejemplo, como cuando Morales lanzó una andanada de psicosociales a partir de la detención de una banda de delincuentes en la que veinte eran bolivianos y tres de nacionalidad peruana, convirtiendo un asunto policial en tema mediático antiperuano, con el objeto de reforzar su posición política e ideológica en la región. Por tanto, lo más aconsejable es coger al toro por las astas y denunciar que Morales se vale de circunstancias necias para dañar la imagen del Perú –y así encubrir el descontento que existe contra su gobierno de sello chavista–, desinformando a su país que se viene pauperizando junto a la multiplicación de la delincuencia, al igual que Venezuela. A esta mala fe comprobada se debe poner coto ya. Lamentablemente, ante tamaña intencionalidad agraviante, la diplomacia peruana actúa con evidente signo de pusilanimidad.

EXPRESO

No hay comentarios: