17.8.09

Los bloques políticos

CAMBIOS EN LA RUTA


Por: Erneste Velit Analista político

Decíamos hace poco —El Comercio, 24 abril del 2009— que, como muestra de que la campaña electoral 2011 se había adelantado, la agenda política registraba un fenómeno particular: las conversaciones de algunos líderes políticos con la aparente intención de conformar un bloque unitario.

También ponderábamos las ventajas democráticas de este gesto, la docencia que representa y el avance en el desarrollo de nuestra cultura política que se desprende de él.

La señora Lourdes Flores, irreemplazable lideresa del PPC, ha anunciado públicamente su acercamiento a Alejandro Toledo de PP y a Luis Castañeda de SN, en la búsqueda de consolidar un solo frente electoral. Sus declaraciones han provocado irónicas reacciones, algunas impertinentes, de los que sienten que se les mueve el piso.

Creemos que no será difícil encontrar coincidencias, intercambiar propósitos programáticos comunes, aunque, tal vez, el liderazgo del bloque demande agotadores esfuerzos y gran voluntad de renuncia. Pero lo cierto, seguimos creyendo, es que este anuncio es un histórico paso en la dirección correcta.

En el Perú de los últimos tiempos, las responsabilidades políticas de los dirigentes se desnaturalizaron y ello llevó a nuestra democracia, inevitablemente, a la condición de precaria. La postergación tradicional de las demandas nacionales, como que abarataron la fe del pueblo en el Estado y, en algunos casos, favorecieron el cuestionamiento violento ante la incapacidad del Gobierno.

Hoy día, el modelo democrático latinoamericano está en proceso de revisión, hay una lectura diferente de sus tradicionales ventajas, y su limitada capacidad, para enfrentar nuevas realidades, pareciera reclamar su replanteamiento.

De allí las amenazas a los gobiernos constitucionales que parecieran extenderse en la región, particularmente a los que no saben interpretar los nuevos códigos políticos y sociales que proponen las sociedades.

Nuestras democracias —dice Habermas— parecen iluminadas con luces de neón, por eso las instituciones del Estado de derecho son imperfectas y las crisis se convierten en el instrumento del cambio social.

De otro lado, en el intento de analizar las debilidades partidarias, producto del shock ideológico que provocó el derrumbe del socialismo burocrático, nuestras izquierdas (son varias) aún no procesan el fenómeno, parecieran no entender, y, en consecuencia, adolecen de la capacidad de proponer nuevas alternativas, rescatando lo que de positivo tuvo la experiencia socialista.

De allí la dificultad —no imposibilidad— de poder construir un bloque político unitario, impulsar un solo programa, hablar un solo lenguaje y ofrecer una propuesta democrática moderna, libre de prejuicios, capaz de vencer rencores y desconfianzas.

La historia —dice Steiner— es el escenario de la humanización, es el esfuerzo que realiza el hombre para llegar a ser hombre. Si no reconocemos estas verdades, seremos cómplices de nuestra indiferencia, una suerte de peso muerto de nuestra propia historia. Nunca hizo tanta falta una vocación de renuncia, como ahora, una voluntad de oír las voces de los más, una honestidad capaz de calificar nuestras propias limitaciones.

Las elecciones del 2011 tienen una particularidad que no se vio en otras ocasiones. Los partidos democráticos están obligados a ayudar a sepultar para siempre todo lo que recuerde a corrupción, crimen, torturas, desapariciones, violencia contra los derechos humanos. En una palabra, voltear las páginas negras de nuestra historia reciente, pero voltearlas después de leerlas.

Es un compromiso con la nación, con los muertos de ayer en manos de la violencia homicida, con la dignidad de sus familias, con el destino del país finalmente.

EL COMERCIO

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