INFRAESTRUCTURA, DESARROLLO E INTEGRACIÓN
Por: Mario Vélez Diplomático
Fui testigo de excepción cuando integré la delegación peruana en la cumbre del Cusco en el 2004 que dio nacimiento a la Comunidad Sudamericana de Naciones, precursora de la actual Unasur.
Ahora conocemos que este organismo se está convirtiendo en un foro de discusión bizantina, con exabruptos de algunos presidentes, diatribas y exageradas conclusiones, sin mayores eficiencias. Sin embargo, en la reciente cumbre de Quito se ha decidido establecer varias comisiones, entre ellas, la de infraestructura. Este aspecto es, en mi modesta opinión, el eje vertebral de la integración sudamericana y la esencia de lo que podría asegurar el éxito para Unasur.
Integrarnos físicamente es la solución pragmática, no los discursos que terminan en gavetas burocráticas ni los temas colaterales que no llevan a ninguna parte. IIRSA, trabajar la inclusión social, incrementar el comercio para las poblaciones adyacentes y colindantes entre los estados, la educación, la ciencia y la innovación (tecnología, biotecnología e informática) deben ser los ejes sine qua non de la integración sudamericana y no otros. Ya se percibe el desgaste con las prepotencias de algunos presidentes. Las soluciones no pasan por alharacas, sino por hechos y voluntades concretas.
Por ello, IIRSA ya está dando sus frutos y las carreteras transoceánicas que están siendo terminadas en el Perú, para sus accesos al Brasil por la Interoceánica Norte y Sur (más adelante la IIRSA Centro), son resultados palpables, indiscutibles y reflejo antidiatribas y antidiscursos exaltados y alarmantes. El concepto de Eje de Integración y Desarrollo de IIRSA debe ser reforzado, pues no solo consiste en la construcción de la carretera o conexión fluvial. Exige mejoras para las poblaciones adyacentes, la integración de espacios colindantes, el flujo comercial sostenido, inversiones colaterales y poco a poco incluir a sus sociedades en un conjunto de concreto impulso económico.
Es hora de implementar lo avanzado con inversiones en servicios complementarios a las carreteras, mejorar ostensiblemente los puertos, depósitos, establecer estaciones de servicio, hostales, seguridad permanente. Todo ello debe ser estudiado y evaluado con tiempo. No sacamos nada teniendo el camino si no hay un Dios que te guarde en su trayecto. Para la construcción de Unasur, ahora más que nunca, se requiere una diplomacia profesional, como la peruana, para conjugar el desarrollo y la integración. Un continente con recursos energéticos, alimentarios, petroleros, con poblaciones jóvenes y trabajadoras, no debe ser postergado en el incansable derrotero del desarrollo. Como afirma Benedicto XVI, la pobreza en Sudamérica es “un escándalo”. Recordemos que los gobernantes pasan y los estados permanecen, y sus habitantes deberán ser los beneficiarios del progreso.
EL COMERCIO
Por: Mario Vélez Diplomático
Fui testigo de excepción cuando integré la delegación peruana en la cumbre del Cusco en el 2004 que dio nacimiento a la Comunidad Sudamericana de Naciones, precursora de la actual Unasur.
Ahora conocemos que este organismo se está convirtiendo en un foro de discusión bizantina, con exabruptos de algunos presidentes, diatribas y exageradas conclusiones, sin mayores eficiencias. Sin embargo, en la reciente cumbre de Quito se ha decidido establecer varias comisiones, entre ellas, la de infraestructura. Este aspecto es, en mi modesta opinión, el eje vertebral de la integración sudamericana y la esencia de lo que podría asegurar el éxito para Unasur.
Integrarnos físicamente es la solución pragmática, no los discursos que terminan en gavetas burocráticas ni los temas colaterales que no llevan a ninguna parte. IIRSA, trabajar la inclusión social, incrementar el comercio para las poblaciones adyacentes y colindantes entre los estados, la educación, la ciencia y la innovación (tecnología, biotecnología e informática) deben ser los ejes sine qua non de la integración sudamericana y no otros. Ya se percibe el desgaste con las prepotencias de algunos presidentes. Las soluciones no pasan por alharacas, sino por hechos y voluntades concretas.
Por ello, IIRSA ya está dando sus frutos y las carreteras transoceánicas que están siendo terminadas en el Perú, para sus accesos al Brasil por la Interoceánica Norte y Sur (más adelante la IIRSA Centro), son resultados palpables, indiscutibles y reflejo antidiatribas y antidiscursos exaltados y alarmantes. El concepto de Eje de Integración y Desarrollo de IIRSA debe ser reforzado, pues no solo consiste en la construcción de la carretera o conexión fluvial. Exige mejoras para las poblaciones adyacentes, la integración de espacios colindantes, el flujo comercial sostenido, inversiones colaterales y poco a poco incluir a sus sociedades en un conjunto de concreto impulso económico.
Es hora de implementar lo avanzado con inversiones en servicios complementarios a las carreteras, mejorar ostensiblemente los puertos, depósitos, establecer estaciones de servicio, hostales, seguridad permanente. Todo ello debe ser estudiado y evaluado con tiempo. No sacamos nada teniendo el camino si no hay un Dios que te guarde en su trayecto. Para la construcción de Unasur, ahora más que nunca, se requiere una diplomacia profesional, como la peruana, para conjugar el desarrollo y la integración. Un continente con recursos energéticos, alimentarios, petroleros, con poblaciones jóvenes y trabajadoras, no debe ser postergado en el incansable derrotero del desarrollo. Como afirma Benedicto XVI, la pobreza en Sudamérica es “un escándalo”. Recordemos que los gobernantes pasan y los estados permanecen, y sus habitantes deberán ser los beneficiarios del progreso.
EL COMERCIO




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