Si hace veinte años alguien creía que podía exterminar a la clase media peruana, se equivocó. También erraron aquellas tiranías como el velascato, o antes la ideología marxista (con sello moscovita o pekinés) que ponderaba todo a favor de un proletariado supuestamente en aumento y en una conciencia de clase en evolución. Lo concreto es que en el caso de nuestra nación actualmente se consolida la clase media, pujante e inquieta, pero no de hoy sino a través de la historia contemporánea.
Recuérdese que la Revolución Francesa fue impulsada por ese segmento social medio al que se le denominó “burguesía”. Asimismo, la gesta independentista latinoamericana fue realizada por los criollos, es decir por los hijos de los españoles nacidos en el virreinato del Perú. Y si bien han pasado dos siglos desde la emancipación, esa clase media es el motor de muchos cambios. En el siglo XXI no se amilana, se consolida y exige respeto cuando reclama, por ejemplo, más transparencia en las transacciones bancarias, financieras o de seguros; cuando pide que el diésel o la gasolina que le venden las refinerías y grifos sean menos tóxicas y asesinas; cuando le dice al Estado que no vegete en la ineficiencia y el abandono, etc.
Ahora, a diferencia de cualquier disquisición socializante o interpretación histórica, es en democracia cuando la clase media avanza y gana en conciencia. El sistema de renovación política mediante elecciones periódicas –esencia de la democracia–, permite afinar los mecanismos del estado de derecho, los procesos de redistribución económica y la coexistencia de las libertades de opinión, expresión y de prensa junto a los principios en pro de una sociedad justa y mejor. Se equivocó el leninismo al sostener que la clase media era conformista, conservadora y aliada a los sectores pudientes en detrimento de las clases populares. Esto no es así pues esa clase, atacada por los marxistas de todos los pelajes, es la que apostó –y apuesta– por el Perú, es la que se queda aquí a trabajar y echar raíces en la nación a la cual pertenece. Ni Sendero Luminoso ni el MRTA la amedrentaron.
Además forma parte de la democracia el concepto “movilidad social”, que describe que existen condiciones para que los sectores sociales no sean compartimentos estanco sino, por el contrario, espacios abiertos desde donde sus integrantes pueden ascender o descender en función de sus méritos. De manera que si bien existen sectores populares, éstos pueden mejorar en sus condiciones de vida y bienestar hasta ascender a las clases medias o altas, o viceversa. La dinámica económica en el interior del país o en los mal llamados “conos” de la capital (Lima Norte, Sur, Este u Oeste) ve crecer a su alrededor inmensos centros comerciales y es testigo de la constante inversión privada a través de la presencia de franquicias, lo que demuestra la pujanza de los sectores que ayer estuvieron olvidados.
Los ciudadanos ven hoy que es posible el progreso y que ello sólo depende de su capacidad de trabajo y creatividad. Pero hay algo igualmente importante: confirma que la clase media difunde el deseo de recibir más y mejores servicios, así como productos (bienes) de calidad. En suma, esa clase media, de ciudadanos y consumidores, enfatiza ante los grandes o pequeños grupos económicos que la escuchen y atiendan sus reclamos. En medio de ese proceso, el Código del Consumo –en ciernes– es sólo una muestra de ello.
EXPRESO
Recuérdese que la Revolución Francesa fue impulsada por ese segmento social medio al que se le denominó “burguesía”. Asimismo, la gesta independentista latinoamericana fue realizada por los criollos, es decir por los hijos de los españoles nacidos en el virreinato del Perú. Y si bien han pasado dos siglos desde la emancipación, esa clase media es el motor de muchos cambios. En el siglo XXI no se amilana, se consolida y exige respeto cuando reclama, por ejemplo, más transparencia en las transacciones bancarias, financieras o de seguros; cuando pide que el diésel o la gasolina que le venden las refinerías y grifos sean menos tóxicas y asesinas; cuando le dice al Estado que no vegete en la ineficiencia y el abandono, etc.
Ahora, a diferencia de cualquier disquisición socializante o interpretación histórica, es en democracia cuando la clase media avanza y gana en conciencia. El sistema de renovación política mediante elecciones periódicas –esencia de la democracia–, permite afinar los mecanismos del estado de derecho, los procesos de redistribución económica y la coexistencia de las libertades de opinión, expresión y de prensa junto a los principios en pro de una sociedad justa y mejor. Se equivocó el leninismo al sostener que la clase media era conformista, conservadora y aliada a los sectores pudientes en detrimento de las clases populares. Esto no es así pues esa clase, atacada por los marxistas de todos los pelajes, es la que apostó –y apuesta– por el Perú, es la que se queda aquí a trabajar y echar raíces en la nación a la cual pertenece. Ni Sendero Luminoso ni el MRTA la amedrentaron.
Además forma parte de la democracia el concepto “movilidad social”, que describe que existen condiciones para que los sectores sociales no sean compartimentos estanco sino, por el contrario, espacios abiertos desde donde sus integrantes pueden ascender o descender en función de sus méritos. De manera que si bien existen sectores populares, éstos pueden mejorar en sus condiciones de vida y bienestar hasta ascender a las clases medias o altas, o viceversa. La dinámica económica en el interior del país o en los mal llamados “conos” de la capital (Lima Norte, Sur, Este u Oeste) ve crecer a su alrededor inmensos centros comerciales y es testigo de la constante inversión privada a través de la presencia de franquicias, lo que demuestra la pujanza de los sectores que ayer estuvieron olvidados.
Los ciudadanos ven hoy que es posible el progreso y que ello sólo depende de su capacidad de trabajo y creatividad. Pero hay algo igualmente importante: confirma que la clase media difunde el deseo de recibir más y mejores servicios, así como productos (bienes) de calidad. En suma, esa clase media, de ciudadanos y consumidores, enfatiza ante los grandes o pequeños grupos económicos que la escuchen y atiendan sus reclamos. En medio de ese proceso, el Código del Consumo –en ciernes– es sólo una muestra de ello.
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