Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
La sentencia del TC que declara fundada la demanda de inconstitucionalidad contra la ley referida al uso de la fuerza militar es espantosa. Es una traición a los héroes que combaten en el VRAE. Un disparo del Estado de Derecho a los pies. Típico ejemplo de lo que significa democracia boba. Mejor que disuelvan las FF AA y le encarguen a los Hare Krishna pelear contra Sendero con crótalos y recitando maja mantras.
Y podríamos seguir, pero de esos aspectos nos ocupamos ampliamente en la página 3 de esta edición. Aquí, porque el diablo está en los detalles, queremos detenernos más bien en uno que desnuda los extremos absurdos y peligrosos a los que lleva la corrección política. Porque en esa sentencia el TC ha declarado también inconstitucional una palabra. Sí, como lo lee. En lo sucesivo, los militares no pueden ya hablar de “capacidad del enemigo” sino que deben usar el término “capacidad del grupo hostil”.
¿Qué importancia tiene una palabra?, se preguntará quizá el lector. Pues mucha. ¿O usted cree que fue casualidad que insistieran tanto los caviares para que a la Comisión de la Verdad se le agregara la palabra “reconciliación”? (Usada por cierto en abundancia por los abogados de Abimael al presentar las “memorias” del cabecilla terrorista). ¿Por qué protestó la CVR cuando en un decreto publicado en El Peruano durante el gobierno de Toledo se usó el término “víctimas del terrorismo”? (Y no pararon hasta que salió una fe de erratas y se cambió por “víctimas del conflicto armado interno”).
Pues porque la lengua configura el pensamiento. Y ya George Orwell ejemplificó con maestría en 1984 lo que sucede cuando se colocan amarras al lenguaje. De modo que Sendero ya no es el enemigo, ha dictaminado el TC. Hostil –aunque también significa enemigo en segunda acepción, según el DRAE– suena menos rotundo, más inofensivo. Apenas un contrario, ya no tan ominoso.
¿Eran conscientes los miembros del TC de todo lo que está en juego al momento de declarar inconstitucional una palabra? ¿O han sido ellos también víctimas de esa tendencia a buscar definiciones que procuran no ofender pero que distorsionan la realidad? Nos inclinamos por lo primero. Personas tan ilustradas saben perfectamente que con palabras “políticamente correctas” se construyen dogmas que no deben ser cuestionados.
Se nos acaba el espacio, de modo que vamos a decir lo que pensamos con sencillez y tosquedad. O sea, de manera políticamente incorrecta: esta sentencia no hace sino mostrar imperdonable ceguera moral y cobardía. ¡Lindo regalo le ha hecho el TC a los que quieren destruir al Perú!
LA RAZON
uribs@larazon.com.pe
La sentencia del TC que declara fundada la demanda de inconstitucionalidad contra la ley referida al uso de la fuerza militar es espantosa. Es una traición a los héroes que combaten en el VRAE. Un disparo del Estado de Derecho a los pies. Típico ejemplo de lo que significa democracia boba. Mejor que disuelvan las FF AA y le encarguen a los Hare Krishna pelear contra Sendero con crótalos y recitando maja mantras.
Y podríamos seguir, pero de esos aspectos nos ocupamos ampliamente en la página 3 de esta edición. Aquí, porque el diablo está en los detalles, queremos detenernos más bien en uno que desnuda los extremos absurdos y peligrosos a los que lleva la corrección política. Porque en esa sentencia el TC ha declarado también inconstitucional una palabra. Sí, como lo lee. En lo sucesivo, los militares no pueden ya hablar de “capacidad del enemigo” sino que deben usar el término “capacidad del grupo hostil”.
¿Qué importancia tiene una palabra?, se preguntará quizá el lector. Pues mucha. ¿O usted cree que fue casualidad que insistieran tanto los caviares para que a la Comisión de la Verdad se le agregara la palabra “reconciliación”? (Usada por cierto en abundancia por los abogados de Abimael al presentar las “memorias” del cabecilla terrorista). ¿Por qué protestó la CVR cuando en un decreto publicado en El Peruano durante el gobierno de Toledo se usó el término “víctimas del terrorismo”? (Y no pararon hasta que salió una fe de erratas y se cambió por “víctimas del conflicto armado interno”).
Pues porque la lengua configura el pensamiento. Y ya George Orwell ejemplificó con maestría en 1984 lo que sucede cuando se colocan amarras al lenguaje. De modo que Sendero ya no es el enemigo, ha dictaminado el TC. Hostil –aunque también significa enemigo en segunda acepción, según el DRAE– suena menos rotundo, más inofensivo. Apenas un contrario, ya no tan ominoso.
¿Eran conscientes los miembros del TC de todo lo que está en juego al momento de declarar inconstitucional una palabra? ¿O han sido ellos también víctimas de esa tendencia a buscar definiciones que procuran no ofender pero que distorsionan la realidad? Nos inclinamos por lo primero. Personas tan ilustradas saben perfectamente que con palabras “políticamente correctas” se construyen dogmas que no deben ser cuestionados.
Se nos acaba el espacio, de modo que vamos a decir lo que pensamos con sencillez y tosquedad. O sea, de manera políticamente incorrecta: esta sentencia no hace sino mostrar imperdonable ceguera moral y cobardía. ¡Lindo regalo le ha hecho el TC a los que quieren destruir al Perú!
LA RAZON




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