LA FÓRMULA PARA EL 2011
Por: Fernando Vivas Periodista
Dicen que esta es la fórmula perfecta para el 2011: armas un frente que te apoye, te reclamas de centro y ya estás adentro. La otra fórmula, la del “outsider” o antisistema que crece en el corazón popular con cada reproche que recibe del sistema, fracasó en el 2006. Además, Ollanta Humala, quien la encarnó, ha dado algunos pasos hacia el centro, como su visita a Mario Vargas Llosa y la reivindicación de su condición de ex militar cada vez que habla, en tono conservador, de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
Queda la duda de saber si algún advenedizo —o el propio Ollanta Humala— pueda encarnar una candidatura tan extrema que ni siquiera sea parte del “sistema” chavista. Eso sí que sería seductor, pero no nos adelantemos, veamos que significan en esta coyuntura frente y centro.
En primer lugar, una triste constatación: quienes encabezan las encuestas, como Keiko Fujimori o Luis Castañeda, no suelen conjugar esos términos. Esperan que otros lo hagan, quizá temiendo dar pasos que los descoloquen como favoritos y les hagan perder sus precarias ventajas. En este pequeño cálculo tienen razón, pues quienes se ofrecen para alianzas y se juran centristas son los pitufos electorales de hoy que ayer fueron presidentes, primeros ministros o cabezas opositoras. Yehude Simon, por ejemplo, se jacta de manirroto por haber aceptado presidir un Gabinete ajeno, pero se propone para liderar una alianza ante rivales que le recuerdan su arrastre de alrededor de 1% en las encuestas.
Por lo tanto, aliarse y buscar el equilibrio no parecen vocaciones, sino cómputos preelectorales. Para hablar de una concertación a la chilena, de un frente de ancha base, de un acuerdo o pacto mínimo con perspectiva máxima, o de una urgente convergencia a la peruana, necesitamos líderes que estén de veras dispuestos a compartir el poder con extraños opuestos.
El centro ya no debe ser concebido como promedio de las ideologías o punto medio entre extremos, sino como la mera actitud de conceder para transar. Tanto centro como frente son relativos pues dependen de la escena y sus protagonistas, pero el afán de converger en una alianza moderada debe ser fundamental y de largo aliento. Que Toledo y Lourdes, por ejemplo, negocien que uno se inhiba de lanzar candidato a Lima para que la otra apoye la campaña presidencial toledista, no es una convergencia democrática para gobernar, es puro juego para ganar.
Necesitamos candidatos que den muestras convincentes de que están dispuestos a ceder y a compartir.
EL COMERCIO
Por: Fernando Vivas Periodista
Dicen que esta es la fórmula perfecta para el 2011: armas un frente que te apoye, te reclamas de centro y ya estás adentro. La otra fórmula, la del “outsider” o antisistema que crece en el corazón popular con cada reproche que recibe del sistema, fracasó en el 2006. Además, Ollanta Humala, quien la encarnó, ha dado algunos pasos hacia el centro, como su visita a Mario Vargas Llosa y la reivindicación de su condición de ex militar cada vez que habla, en tono conservador, de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
Queda la duda de saber si algún advenedizo —o el propio Ollanta Humala— pueda encarnar una candidatura tan extrema que ni siquiera sea parte del “sistema” chavista. Eso sí que sería seductor, pero no nos adelantemos, veamos que significan en esta coyuntura frente y centro.
En primer lugar, una triste constatación: quienes encabezan las encuestas, como Keiko Fujimori o Luis Castañeda, no suelen conjugar esos términos. Esperan que otros lo hagan, quizá temiendo dar pasos que los descoloquen como favoritos y les hagan perder sus precarias ventajas. En este pequeño cálculo tienen razón, pues quienes se ofrecen para alianzas y se juran centristas son los pitufos electorales de hoy que ayer fueron presidentes, primeros ministros o cabezas opositoras. Yehude Simon, por ejemplo, se jacta de manirroto por haber aceptado presidir un Gabinete ajeno, pero se propone para liderar una alianza ante rivales que le recuerdan su arrastre de alrededor de 1% en las encuestas.
Por lo tanto, aliarse y buscar el equilibrio no parecen vocaciones, sino cómputos preelectorales. Para hablar de una concertación a la chilena, de un frente de ancha base, de un acuerdo o pacto mínimo con perspectiva máxima, o de una urgente convergencia a la peruana, necesitamos líderes que estén de veras dispuestos a compartir el poder con extraños opuestos.
El centro ya no debe ser concebido como promedio de las ideologías o punto medio entre extremos, sino como la mera actitud de conceder para transar. Tanto centro como frente son relativos pues dependen de la escena y sus protagonistas, pero el afán de converger en una alianza moderada debe ser fundamental y de largo aliento. Que Toledo y Lourdes, por ejemplo, negocien que uno se inhiba de lanzar candidato a Lima para que la otra apoye la campaña presidencial toledista, no es una convergencia democrática para gobernar, es puro juego para ganar.
Necesitamos candidatos que den muestras convincentes de que están dispuestos a ceder y a compartir.
EL COMERCIO




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