16.8.09

Brasil y mapuches

Retomando los temas sobre nuestros vecinos que toqué el viernes, de hecho coincido con muchos en que habiendo cometido nuestro tan aislado y desarmado país (con una Bolivia agresiva, una Venezuela hostil, un armamentista Chile en litigio marítimo, un Ecuador poco confiable y una Argentina lejanísima) el error de no haber cerrado un acuerdo de bases con EE.UU. apenas se hizo público que Ecuador no le renovaba Manta, a nuestra nación no le queda más que estrechar relaciones con Colombia y Brasil. El problema con Bogotá es que su nación anda ro-

deada en pinza por sus enemigos Quito y Caracas, amén de que aún tiene que soportar a las FARC internamente, así que mucho margen de maniobra no les queda.

Nos queda Brasil, que tiene el defecto de coquetear con todos y ser bastante amiguero con Chávez y Evo, aunque tal vez eso último cambie radicalmente si es que la derecha opositora logra vencer a la candidata presidencial oficialista Dilma Rousseff (una subversiva comunista durante su juventud) en la contienda que se realizará en octubre del próximo año.

Sin embargo, se ven signos alentadores de establecer una suerte de alianza con este coloso, dada la próxima apertura de la carretera Interoceánica sur y la fuerte expansión de la inversión brasileña en nuestro país. Ayer hemos tenido al canciller Celso Amorim por Lima y posiblemente Lula nos visite en diciembre. Curiosamente, quien siempre fue muy antibrasileño fue nuestro Ejército hasta los 70, pues recelaban de que nuestro vecino nos engulla, además que al izquierdista Velasco le desagradaba la dictadura militar de derechas que gobernaba entonces en Brasilia. Se hablaba incluso que los uniformados y geopolíticos cariocas tenían la máxima de que "la frontera oeste de Brasil era la cordillera de los Andes" y los rojos solían hablar del "subimperialismo brasileño", temor alimentado por aquella frase de Nixon de que Sudamérica debía ir por donde Brasil iba. Por eso se hizo esa estupidez del oleoducto, que costó una millonada que aún no pagamos del todo para transportar tan poco petróleo (es que un consultor alemán llamado Beecher ilusionó a los militares con que nuestra selva nadaba en petróleo) cuando lo cuerdo era sacarlo en barcazas por el Amazonas a Brasil y al Atlántico. Por eso ahora sería muy importante sacar cuanto antes ese megaproyecto energético común de cinco hidroeléctricas en la selva, pues todo lo que nos una nos ayuda a blindarnos estratégicamente.

De otro lado, como bien me advertía un lector, el ahora amistoso Ecuador no es del todo fiable dado que Chile acaba de venderles un escuadrón de aviones Mirage (variante "Panther") que entraron en desuso al comprar los F-16, además de modernizarles un submarino y venderles dos fragatas en desuso. De todas formas, Correa apuntará por el momento más a Colombia con estos juguetitos que a nosotros. Cambiando de tema, a Chile se le está complicando cada vez más el conflicto con sus nativos mapuches, que andan bastante radicalizados -por las ONG, evidentemente- y no dejan de invadir propiedad privada y de oponerse a hidroeléctricas y proyectos forestales. Un carabinero abatió esta semana a un revoltoso y ayer fue herido un policía de un balazo en la mano. Para variar, hay curas jodiendo, como el obispo de Temuco. Si bien es cierto que hay problemas de "inclusión", hasta ahora Santiago ha tenido el tino de no dejar de imponer el orden, aunque el candidato presidencial opositor Piñera se lamenta de la falta de autoridad ante delincuentes y pide que se aplique la ley antiterrorista.

CORREO

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