Hace un año, el secretario del Tesoro norteamericano empezó una discusión interna sobre la conveniencia o no de rescatar al banco de inversión Lehman Brothers. Al cabo de una semana de idas y venidas decidieron, al final, equivocadamente, dejarlo caer, precipitando con ello la peor crisis financiera de los últimos 80 años. La economía mundial entró de inmediato en una profunda recesión y es recién ahora que tenemos las primeras indicaciones de que la caída ya habría tocado fondo.
Sin embargo, pese a la magnitud de la crisis internacional, el peruano prácticamente no la ha sentido. El violento frenazo en el crecimiento –del 10% del que disfrutábamos cuando discutían sobre Lehman en Washington al 0% en el segundo trimestre de este año– ha sido amortiguado por una reducción de la inflación de 7% a 1% en ese mismo período, lo cual ha incrementado la capacidad de consumo de la población pese a que el empleo no ha aumentado.
Más aun, es alentador el optimismo que se percibe especialmente fuera de Lima con respecto a las expectativas para los próximos años. Es que el período de bonanza de los cuatro años anteriores tuvo una característica inusual ya que generó un proceso de descentralización de la inversión privada que hizo posible que tanto el empleo como el ingreso hayan aumentado mucho más en diversas regiones que en la capital.
Incluso hoy en ciudades como Arequipa, Huancayo, o Chiclayo se siente una pujanza y dinamismo que se tiene que aprovechar para que sean las regiones las que lideren el retorno al crecimiento. Especialmente, dado que el próximo año el poblador ya no tendrá la compensación de la caída en la inflación y sentirá la caída en el ingreso, por ello es fundamental retornar a tasas no menores del 5% para llegar al proceso electoral en un clima de relativa tranquilidad.
En ese contexto, lo fundamental es que el presupuesto presentado demuestre ser pro crecimiento y no electorero. Al igual que la mayoría de países, se ha dependido del impulso fiscal para retomar el crecimiento y el gasto público continuará aumentado fuertemente en un 13% el próximo año.
Sin embargo, lo importante para el largo plazo sería que ese gasto cree las condiciones para que la inversión privada en todo el país recobre el entusiasmo. Que el presupuesto destine 3,400 millones de soles para mejorar la competitividad y 800 millones para la modernización municipal –que es donde se concentran las trabas a la inversión– son buenas señales de que se intenta marchar por el camino adecuado.
Pero el proyecto de presupuesto también contiene un fuerte incremento para Foncodes, el cual está a cargo de un operador político del Gobierno y por lo que será fundamental asegurarse de que el gasto social no termine siendo utilizado como una plataforma electoral o, peor aún, se convierta en un festín partidario. El no haber sido golpeados fuertemente por la crisis nos coloca en una posición de privilegiados para retornar al crecimiento antes que el resto. No lo desperdiciemos por apetitos electoreros.
PERU 21
Sin embargo, pese a la magnitud de la crisis internacional, el peruano prácticamente no la ha sentido. El violento frenazo en el crecimiento –del 10% del que disfrutábamos cuando discutían sobre Lehman en Washington al 0% en el segundo trimestre de este año– ha sido amortiguado por una reducción de la inflación de 7% a 1% en ese mismo período, lo cual ha incrementado la capacidad de consumo de la población pese a que el empleo no ha aumentado.
Más aun, es alentador el optimismo que se percibe especialmente fuera de Lima con respecto a las expectativas para los próximos años. Es que el período de bonanza de los cuatro años anteriores tuvo una característica inusual ya que generó un proceso de descentralización de la inversión privada que hizo posible que tanto el empleo como el ingreso hayan aumentado mucho más en diversas regiones que en la capital.
Incluso hoy en ciudades como Arequipa, Huancayo, o Chiclayo se siente una pujanza y dinamismo que se tiene que aprovechar para que sean las regiones las que lideren el retorno al crecimiento. Especialmente, dado que el próximo año el poblador ya no tendrá la compensación de la caída en la inflación y sentirá la caída en el ingreso, por ello es fundamental retornar a tasas no menores del 5% para llegar al proceso electoral en un clima de relativa tranquilidad.
En ese contexto, lo fundamental es que el presupuesto presentado demuestre ser pro crecimiento y no electorero. Al igual que la mayoría de países, se ha dependido del impulso fiscal para retomar el crecimiento y el gasto público continuará aumentado fuertemente en un 13% el próximo año.
Sin embargo, lo importante para el largo plazo sería que ese gasto cree las condiciones para que la inversión privada en todo el país recobre el entusiasmo. Que el presupuesto destine 3,400 millones de soles para mejorar la competitividad y 800 millones para la modernización municipal –que es donde se concentran las trabas a la inversión– son buenas señales de que se intenta marchar por el camino adecuado.
Pero el proyecto de presupuesto también contiene un fuerte incremento para Foncodes, el cual está a cargo de un operador político del Gobierno y por lo que será fundamental asegurarse de que el gasto social no termine siendo utilizado como una plataforma electoral o, peor aún, se convierta en un festín partidario. El no haber sido golpeados fuertemente por la crisis nos coloca en una posición de privilegiados para retornar al crecimiento antes que el resto. No lo desperdiciemos por apetitos electoreros.
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