Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
Ahora que el rebrote terrorista se ha convertido en una papa caliente –las últimas encuestas muestran que es lo que más preocupa a la ciudadanía– la progresía está en un aprieto. Ya no puede jugar a la ambigüedad como hace dos décadas, cuando coqueteaba con SL. Pero tampoco está en condiciones de una crítica a fondo. Porque eso supondría, en unos casos, tocar a sus vacas sagradas, y, en otros, a políticos que pueden darles trabajo en el futuro si vuelven a Palacio. De modo que los medios “políticamente correctos” enfilan sus comentarios por el lado de las raciones malogradas de los soldados o la falta de blindaje de los helicópteros.
Pero, como es sabido, de las vacas sagradas se hacen las mejores hamburguesas, así que vayamos al fondo del asunto: ¿quiénes son los responsables de la actual situación?
Pues todo empezó con el gobierno transitorio de Paniagua, copado por los caviares. Algunos hitos que se prefiere omitir piadosamente en estos días: el Perú regresó a la CIDH y aceptó realizar nuevos juicios a los terroristas. Se firmaron resoluciones secretas sobre conmutación de penas y rebajas de sentencias a subversivos. Se inició una política de “flexibilización” que facilitaba la visita de los presos por parte de familiares y abogados, con los que podían mantener entrevistas privadas.
También se trasladó mandos senderistas del penal de Yanamayo a la Base Naval para que pudieran constatar que Abimael Guzmán estaba vivo. Se recortó drásticamente el presupuesto del sector militar y policial y se desmantelaron 32 bases antisubversivas. Bajo el pretexto de la lucha anticorrupción, lo que quedaba del Sistema de Inteligencia Nacional fue desmontado. Se creó la infame Comisión de la Verdad, cuya composición fue analizada con los mandos terroristas, tal como registran los tristemente célebres “audios Ciurlizza”. Se persiguió a los heroicos comandos Chavín de Huántar y a casi un millar de militares y policías por “violaciones a los DD HH”. En fin, para qué seguir enumerando...
El resultado de esa política desastrosa, continuada por el toledismo y heredada por este gobierno –que en líneas generales pocos cambios hizo– es no solo lo que vemos en el VRAE. También la reorganización de Sendero Luminoso en Lima, Huancayo y Ayacucho, según algunos reportes de inteligencia de los que dimos cuenta en la edición del domingo. Cómo estarán de bien las cosas para el terrorismo, que Guzmán se puede dar el lujo de presentar un “libro de memorias” y encima reclamar amnistía.
“Los capitalistas son tan ciegos que van a vendernos la soga con la que terminaremos ahorcándolos”, dijo Lenin, uno de los ídolos de Abimael. Cien años después, la frase se aplica perfectamente al Perú de nuestros días. Solo hay que cambiar la palabra “capitalistas” por “caviares”. Esos tremendos hipócritas que hoy se rasgan las vestiduras después de haber sido, en la más benigna de las hipótesis, tontos útiles del terrorismo.
LA RAZON
uribs@larazon.com.pe
Ahora que el rebrote terrorista se ha convertido en una papa caliente –las últimas encuestas muestran que es lo que más preocupa a la ciudadanía– la progresía está en un aprieto. Ya no puede jugar a la ambigüedad como hace dos décadas, cuando coqueteaba con SL. Pero tampoco está en condiciones de una crítica a fondo. Porque eso supondría, en unos casos, tocar a sus vacas sagradas, y, en otros, a políticos que pueden darles trabajo en el futuro si vuelven a Palacio. De modo que los medios “políticamente correctos” enfilan sus comentarios por el lado de las raciones malogradas de los soldados o la falta de blindaje de los helicópteros.
Pero, como es sabido, de las vacas sagradas se hacen las mejores hamburguesas, así que vayamos al fondo del asunto: ¿quiénes son los responsables de la actual situación?
Pues todo empezó con el gobierno transitorio de Paniagua, copado por los caviares. Algunos hitos que se prefiere omitir piadosamente en estos días: el Perú regresó a la CIDH y aceptó realizar nuevos juicios a los terroristas. Se firmaron resoluciones secretas sobre conmutación de penas y rebajas de sentencias a subversivos. Se inició una política de “flexibilización” que facilitaba la visita de los presos por parte de familiares y abogados, con los que podían mantener entrevistas privadas.
También se trasladó mandos senderistas del penal de Yanamayo a la Base Naval para que pudieran constatar que Abimael Guzmán estaba vivo. Se recortó drásticamente el presupuesto del sector militar y policial y se desmantelaron 32 bases antisubversivas. Bajo el pretexto de la lucha anticorrupción, lo que quedaba del Sistema de Inteligencia Nacional fue desmontado. Se creó la infame Comisión de la Verdad, cuya composición fue analizada con los mandos terroristas, tal como registran los tristemente célebres “audios Ciurlizza”. Se persiguió a los heroicos comandos Chavín de Huántar y a casi un millar de militares y policías por “violaciones a los DD HH”. En fin, para qué seguir enumerando...
El resultado de esa política desastrosa, continuada por el toledismo y heredada por este gobierno –que en líneas generales pocos cambios hizo– es no solo lo que vemos en el VRAE. También la reorganización de Sendero Luminoso en Lima, Huancayo y Ayacucho, según algunos reportes de inteligencia de los que dimos cuenta en la edición del domingo. Cómo estarán de bien las cosas para el terrorismo, que Guzmán se puede dar el lujo de presentar un “libro de memorias” y encima reclamar amnistía.
“Los capitalistas son tan ciegos que van a vendernos la soga con la que terminaremos ahorcándolos”, dijo Lenin, uno de los ídolos de Abimael. Cien años después, la frase se aplica perfectamente al Perú de nuestros días. Solo hay que cambiar la palabra “capitalistas” por “caviares”. Esos tremendos hipócritas que hoy se rasgan las vestiduras después de haber sido, en la más benigna de las hipótesis, tontos útiles del terrorismo.
LA RAZON




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