11.9.09

Los mercaderes de la plaza Bolívar

¿Dónde está, realmente, el problema del Congreso?

Por: Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

No dejan de conmover, por candelejones, los sentidos lamentos escuchados en estos días por la situación del Congreso debido a la denuncia de la ex ayudante de una parlamentaria o la cuchillada a un colega suyo. El problema es bastante más profundo que eso.

María Elena Medianero denunció a su ahora ex jefa y ex amiga Rosario Sasieta por el maltrato personal que esta congresista supuestamente le habría propinado y que habría alcanzado el clímax durante las cinco veces en que debió lavarle los pies y echarle sal en ellos, usando una batea roja adquirida especialmente para tan distinguida oportunidad.

Sasieta no va a ganar el premio ‘jefe del año 2009’ pero, salvo que Medianero presente un indicio más sólido, su acusación no pasará de ser percibida como sed de venganza por haber sido despedida, algo entendible por tratarse de un puesto de confianza, y quedará como un intento de chantaje.

Por otro lado, está la cuchillada por la espalda que su esposa le clavó al fujimorista Ricardo Pando durante una riña familiar que se pasó de la raya. Lo más patético de este lamentable evento personal es el modo como algunos parlamentarios pretenden ‘sacarle manteca’ y volver público –vía investigaciones en el Congreso– un asunto que, sin duda, es del ámbito íntimo.

Ambas situaciones son asuntos de importancia menor y que podrían llevar a pensar que el problema del Congreso peruano radica en ese tipo de aspectos y no, en cambio, donde se encuentra lo peor de este poder del Estado y que suele recibir mucho menos atención de los medios y de la población.

El problema principal de nuestro Congreso es, para reiterar lo dicho hace tiempo en este espacio, que en el mismo abundan mediocridad y corrupción. Esto no tiene que ver –como creen algunos– con asuntos como la preparación académica o hasta la raza del parlamentario, sino con su decencia e integridad.

En este sentido, un problema central del Congreso es que algunos de sus integrantes actúan –a la vista de varios de sus compañeros– como brokers de intereses privados, desde empresariales de naturaleza particular hasta delincuenciales, pero siempre haciéndolo camuflados de parlamentarios que buscan el bien común cuando solo quieren llenar el bolsillo propio.

La vacuna no está en propuestas aisladas como la renovación parcial del Congreso, sino en una reforma política más global y de fondo que incluya a los partidos políticos, y promueva la responsabilidad en la selección de los candidatos y en el modo cómo estos ejercen los cargos para los que son elegidos o designados.

EL COMERCIO

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