6.9.09

¿Ya se sabe algo sobre el futuro de la crisis?

Por Mirko Lauer

¿La crisis económica ya termina? ¿O va a volver con fuerza en el llamado efecto W? ¿Todos nos hundiremos o nos salvaremos con la misma crisis? ¿O seguiremos viendo escenarios diferenciados? En estos días las respuestas dependen de qué es lo que uno lea. La crisis en cuanto tema ha crecido demasiado como para conocerla más allá de sus efectos, y aún así.

Mientras la neblina económica se despeja, va avanzando una polémica cada vez más áspera entre gurúes. Sobre todo entre los impertérritos defensores de la vieja fe neoliberal y las nuevas escuelas dedicadas a terminar de destruir los íconos del consenso de Washington. Pero es una situación donde es riesgoso llegar a conclusiones.

Dos hipótesis que quedaron por el camino en 12 meses de terrores y esperanzas: la crisis no cambió “el capitalismo tal como lo conocemos”, el salvataje estatal no trajo formas de proto-socialismo financiero. Más bien el mundo después de la crisis se está pareciendo mucho al de antes de la crisis, con algunas variantes que tal vez sí eran predecibles.

Un efecto clave es que si bien las finanzas y la producción se recuperan, el empleo cae, o se mantiene en los bajos niveles a los que ha caído. Lo cual anuncia crisis políticas en varios lugares del mundo, con China como la principal candidata a sufrir ese problema. Beijing no ofrece cifras sobre el asunto del desempleo.

En cambio Washington sí las publica, y la cifra es 9.7% de la PEA, un récord en 26 años. Mientras tanto el sistema financiero recupera su vida normal y ha aparecido la frase según la cual parte de la población “está recuperando el gusto por el riesgo”, es decir por la especulación. Se asume que la vuelta a la normalidad es una cosa buena.

El Perú oficial se concibe a sí mismo como una isla feliz en medio de la crisis. Luego de haber caído de 9.7% (2004) a 6.9% (2008), el desempleo ha rebotado a 8.8% este año. Es decir más de 40% de pérdida de puestos por menor crecimiento. También aquí finanzas y producción vienen capeando el temporal mejor que el empleo.

Sin embargo la resistencia del país a la crisis externa ha demostrado ser hasta ahora una idea fuerte entre la población. En el clima de protesta de estos tiempos el más malo de la película es la administración estatal, no la economía misma. Probablemente solo la inflación podría modificar este estado de cosas.

Como en el escenario global, la relación futura del Perú con la crisis plantea sobre todo preguntas. ¿La ya no tan lenta erosión de nuestros indicadores de performance puede alcanzar un nivel crítico? ¿Lo suficiente como para hacer volver la economía a la lucha política? ¿El peligro ya pasó? ¿O recién empezamos un ingreso retardado a la tormenta?

LA REPUBLICA

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