5.10.09

No bastan las promesas para controlar el VRAE

No es posible que mientras el país está viendo con espanto cómo avanzan el narcotráfico y el terrorismo, la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) apruebe la irrisoria cantidad de 50 millones de soles para desarrollar un plan integral de atención social en los valles de los ríos Apurímac y Ene (VRAE). Peor aun que ni siquiera se precise cuándo y cómo se hará la inversión.

Se trata de recursos indispensables, seguramente mayores al mencionado, los que deben destinarse a la lucha frontal contra estas bandas criminales, así como para, por lo menos, paliar en algo la costosa ausencia del Estado en una zona geopolíticamente clave para el desarrollo nacional y la seguridad interna del país.

En el caso del VRAE el descuido de los sucesivos gobiernos ha llegado a niveles escandalosos. Por lo pronto, la presencia de Sendero Luminoso es de larga data, pero recién hace unos años se empezaron a desarrollar planes para un abordaje integral al problema que solo ha quedado en el papel, porque en términos básicos poco o casi nada se ha avanzado para instalar la figura del Estado y enfrentar policial y militarmente al narcoterrorismo.

Incluso bajo el actual gobierno más ha sido la retórica que la práctica. Como se recordará, ya en mayo pasado, el ex presidente del Consejo de Ministros Yehude Simon presentó ante el Congreso el Plan de Impacto Rápido de Lucha contra las Drogas en el VRAE, al que tampoco se ha dado continuidad.

Por eso, si ahora se quiere pasar del dicho al hecho, la PCM tiene que acelerar las acciones anunciadas y elevar las partidas asignadas, a escaso año y medio del término de la gestión aprista. Sería un error gravísimo que todo quedara en el mero anuncio.

Más aun, esta es una buena oportunidad para que se tome con ahínco la sustitución de cultivos, que tiene sobre todo en el café y en el cacao mercados muy atractivos a ser aprovechados por Sierra Exportadora. En el caso del café, debería analizarse que somos el sexto país exportador y que los mejores granos, recientemente premiados, se encuentran en Puno y Huánuco, lo que demuestra que existe un potencial y, como queda dicho, una oportunidad en la promoción de los productos alternativos.

Luego, no olvidemos que el plan VRAE incluía la generación de nuevos puestos de trabajo en la promoción de los programas de lucha contra la pobreza, la creación de una escuela de ingeniería agroforestal, la construcción de centros de salud, el mejoramiento de caminos y la entrega de títulos de propiedad.

En cuanto a los sectores Defensa e Interior, así como está bien que el presidente García haya hecho una defensa conceptual muy justa de las FF.AA., resulta necesario que también se haga el desembolso inmediato de fondos para la compra de helicópteros indispensables en el combate contra el senderismo. Algo equivalente debe hacerse con el Frente Policial VRAE cuyo presupuesto es insuficiente para el reto pacificador encomendado.

Desde hace mucho tiempo venimos reiterando que estamos ante una bomba de tiempo: la superficie sembrada de coca no solo ha crecido en casi 5% respecto del año pasado, sino que en el VRAE la productividad por hectárea de coca es tres veces mayor a otras cuencas, lo que la convierte en el mayor centro de producción de cocaína del país. Lo dramático es que, como señalan los especialistas en el tema, los cultivos ilegales de los valles Apurímac y Ene, del Huallaga y de la región Pasco parecen estar uniéndose para convertir esta parte del territorio en una sola zona productora de drogas.

Se requiere, pues, voluntad real y celeridad en el desembolso de recursos económicos que afortunadamente el Perú sí tiene disponibles en este momento. Solo así podrá pasarse a la ofensiva mediante una estrategia integral que, desde el lado policial y militar, frene al narcoterrorismo que controla el VRAE, mientras en paralelo se desarrollan políticas sociales con plazos perentorios que permitan desarticular a quienes pretenden jaquear el Estado de derecho.

EL COMERCIO

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